Alberto Jiménez Ure
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Alberto JIMÉNEZ URE (Escritor, Comunicador Social y Librepensador venezolano. Nació el 13 de Abril de 1952 en Tía Juana, «Campo Petrolero» del Edo. Zulia. Vivió en E.E.U.U. Luego de su regreso se residenció en el Estado Mérida e ingresó a la Universidad de Los Andes: donde fue –desde 1975- miembro fundador de la Oficina de Prensa, el Consejo de Publicaciones, la revista ALEPH universitaria, el Informador ULA, El Universitario y otros medios de comunicación de la casa académica. Ejerció el «Periodismo Institucional» durante más de 25 años en la citada casa de estudios superiores, pero también fue columnista y editorialista de importantes diarios y revistas de su país (El Nacional, El Universal, El Impulso, Diario de Caracas, El Globo, El Nuevo País, Frontera, Panorama, Pico Bolívar, Correo de Los Andes, et.) Fue Director del «Taller de Cuento y Periodismo de Opinión» para el «Vicerrectorado Académico». Está adscrito como «Asistente Literario», en situación de retiro estatutario desde el año 2002, pero todavía ejerce el Oficio de Escritor independientemente) Sobre mi Currículum Literario Por Alberto JIMÉNEZ URE Filosóficamente, soy uno de los seres «menos inhumanos» que todavía ocupan un espacio en la realidad y tiempo que padecemos o disfrutamos. Soy una de las formas de la Simulación de la Existencia, la Razón contra el Entorno Fatal: la velación forzosa de lo oculto que tiene momentos de revelaciones. Soy un escritor convicto y confeso por haber cometido obras literarias, pero alguien que no busca absolución oficial. Soy un escritor culpable por haberme dedicado a la Literatura, pero permanezco impenitente. Soy uno de los vástagos de quien fue igual un descendiente, y padre de otras criaturas similares. Pariente del escritor escocés y necrófilo Andrew URE. Soy un «depresivo-obsesivo», según dictamen psiquiátrico. Me dediqué a la Literatura por propensión natural, que no por asirme al Catálogo de Atractivas Ofertas Laborales de la Sociedad Postmodernista. Para conducir mi existencia, siendo todavía infante, elegí El Juicio y descarté la reverencia representada por la Capitulación de la Razón Inmanente e Inmutable. Cometo Literatura porque la praxis escritural es la negación de la castración intelectual de origen secular. El curso del tiempo, y la intervención de ciertas lecturas filosóficas o literarias, me impulsaron a concluir, sin prisa, que el Derecho Natural es el principal amigo del escritor y el Mercado el peor entre los sepultureros fortuitos que lo asedian. Mediante la Narrativa, fundamentalmente, materializo la «puesta en escena» de mi inventiva. Con mi Poesía, de inspiración obviamente «presocrática» (gnómica, aforística o enunciativa), fijo y organizo mis lucubraciones. En mis trabajos literarios, muchas veces describo o recreo atrocidades. Pero, son igual filosóficos: religiosos, grotescos, absurdos o escabrosos. Yo develo la Conciencia Lúcida e igual la Conciencia Atrofiada de la especie a la cual, infaustamente, parece que pertenezco. En el Panorama de la Literatura Venezolana, soy un hacedor que inspira suspicacias y murmuraciones malsanas. En la tradición literaria Latinoamericana, soy un autor que pudiera despertar curiosidad y que tiene una difusión cuyos alcances ignoro. Pero, soy un escritor que no cesa y que no se desplaza en los trenes donde viaja la mayoría de los creadores. Me inicié en el andén y no le temo a los rieles y vagones. Pero, los extremos hacia donde intento diseminar mi Literatura no son los de la comarca donde (irrumpí) nací: que me ha ininterrumpidamente preterido, que no me conoce, que no admite mi disidencia ni mi pensamiento distinto. No apruebo las pretensiones de «académicos» que intentan ubicar o clasificar el producto de mi imaginación con pontificados maledicentes. Pero, sugiero a los investigadores y críticos honestos (los hay) que lo enfrenten o desechen de acuerdo con sus necesidades o «criterios intelectuales». Sugiero que no me exculpen. Porque es la ejecución de un arte, la Literatura no concilia con la pretensión que se le cosifique para que puerilmente alcance plusvalía económica o académica. Los críticos no deberían conformar pelotones de inteligentes mercenarios al servicio de «fusilamientos» o «consagraciones» de obras literarias, leídas y discutidas en los conciliábulos. Porque, los libros son los objetos de la resistencia del Juicio ante una realidad irredenta. Muchos críticos, con su mueca horrenda de auto arrogada «erudición» y «talento», falsifican y vulgarizan el conocimiento tras un antipático y asfixiante fichaje.
Books
Perversos
«El Dignatario», del libro Perversos Por María Conchita MAURO C. El cortísimo cuento de Alberto JIMÉNEZ URE, El Dignatario (inserto en el libro intitulado Perversos, Alfadil Ediciones, Caracas, 2005) es un reflejo claro y conciso de la realidad de un país por muchos años golpeado por las olas del descontento social y la pobre administración política del Estado. En el caso específico del Dignatario, éste se refiere con bastante claridad a la administración actual del país. Podemos saber esto por varias señales que nos envía el texto: en primer lugar, fue publicado en el 2004, ya bien entrado el periodo de Hugo CHÁVEZ. Por otra parte, la prosa misma nos da destellos a este respecto, como por ejemplo, que el protagonista del cuento se encuentra rodeado de fuerza militar y estos se refieren a él como «mi comandante», en un gobierno «revolucionario». En la realidad socio política actual del país existe una coyuntura expresada en términos de dos grandes bandos encontrados: el oficialismo, es decir quienes apoyan al presidente y la oposición. En este caso no es pertinente realizar conjeturas sobre quien tiene la razón sobre qué, o qué parte de la población es el mejor o menos. El hecho, para efectos de JIMÉNEZ URE es que la crítica social que se expresa en las líneas del Dignatario es, a decir poco, mordaz y ácida. Un presidente, quien guía a su país desde el retrete del Palacio de Miramontaña, da de comer excrementos a sus ministros, así como a su pueblo que lo aclama desde la calle. El sentido de estos gestos repulsivos, inmersos en un cuento bastante escatológico, evidencian quizás el sentir del autor con respecto a las condiciones que vive la Venezuela de hoy. El detalle, por ejemplo, de que los ministros se sienten en «lujosas y lustradas sillas», mientras el pueblo come defecaciones es una expresión simbólica de una dura realidad nacional, en la cual, mientras los políticos y, en general los poderosos del país lo tienen todo, existe también un porcentaje importante de la población que vive en la pobreza, millones en miseria crítica, es decir, que mueren de hambre. El presidente del cuento, además, se atiborra de una abominable cantidad de comida al desayuno: de nuevo la referencia a la población carente de alimentos para la subsistencia. Otro hecho elocuente es el diario que lee el presidente: «Sin Censura» se llama y allí se le trata de «megalomaníaco y despótico militar», tal y como los sectores más radicales de la oposición se refieren a CHÁVEZ. El Dignatario entonces, procede a enviar un convoy de la Fuerza Armada Nacional para que cierren el periódico y cercenen las lenguas de los redactores: ¿acaso una crítica a la reciente Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, un instrumento legal que muchos catalogan como represivo y que los opositores del Presidente así como algunos medios de comunicación han llamado Ley Mordaza? JIMÉNEZ URE se cuida de mencionar nombres reales y deja bastante espacio a la libre interpretación del lector, por lo cual la respuesta a esta interrogante se encuentra en las manos de cada persona que lea el cuento. Un personaje poco vistoso, pero bastante importante está encarnado por la edecana, descrita por JIMÉNEZ URE como «una coronela muy hermosa y eficiente». Esta mujer, cuya entera existencia está cargada de simbolismo, puede, en un cierto momento representar la justicia, por el solo hecho se ser una figura femenina. También puede ser la representación de la Cuarta República, pues obedece al Dignatario sin chistar y es la encargada de entregarle los documentos mediante los cuales podrá poner en práctica sus ideas y en marcha su plan. Es decir, es quien entrega el país en manos de este presidente diarreico. Además, por el hecho de ser de la milicia y la preferida del presidente, refleja en la pluma de URE a las Fuerzas Militares Venezolanas, pues es por medio del control de estas que muchos gobernantes han logrado sus propósitos y es bien sabido, en la Venezuela de hoy, el cariño profesado por el Presidente Chávez hacia los cuerpos de defensa militar del país. Existen otros pormenores por demás hilarantes y fecundos en la prolijidad del Dignatario: la edecana limpia el trasero del presidente con una toalla marca Soberanía (juzgue usted mismo) luego, el presidente saluda a su obesa cocinera con un «lujurioso apretón de senos», es decir, el hombre hace y deshace a su entera voluntad. La crítica social y el tema escatológico son elementos bastante frecuentes en la prosa de Jiménez Ure. Elementos como estos hacen de él un autor contemporáneo por excelencia.
Cuentos abominables
Sobre Cuentos Abominables (Dos ediciones: Universidad de Los Andes, 1991/Universidad de Costa Rica, 2002) Por José Jesús VILLA PELAYO «Cuando se dice que un escritor está de moda, se quiere dar a entender que lo admiran los que tienen menos de treinta años» (George ORWELL) Dentro del mundo de la más extraña ironía, que nos recuerda el mundo del absurdo y de su nihilismo, de su desesperación en el mundo y de su negar del Hombre, los relatos de este libro se hilan tramados bajo idénticos mecanismos formales, como en un ciclo de apariencia interminable. El título es, per se, revelador: ya de una paradoja o de una infamia. Nacido en el mundo del absurdo, creado «ex nihilo» de la ausencia o de la más sensible de todas las ironías o sus formas, los Cuentos Abominables de JIMÉNEZ URE recrean todas las sinrazones y las alegorías encontradas o jamás verosímiles o inexistentes. Algunos de sus temas recurrentes podrían ser enumerados a la manera de la más sencilla taxonomía. Pero, se resumen en la muerte o la ironía ligada a la muerte o cierto tipo de muerte. En un mundo en el que el «nihil» deviene en el «nihil de lo abominable», en lo vacuo de lo abominable –nihil en si, siempre nihil- Cuentos Abominables reproduce o recrea este universo de vagas resonancias. Es imposible negar, sin embargo, en ningún caso, la sapiencia escritural, la casi magra, escéptica y no menos grata y extraordinaria prosa de JIMÉNEZ URE: la concisión del lenguaje, la, en extremo, pensada (o sopesada) medida del verbo, de la palabra hecha escritura. A partir de un cuidado verdaderamente excesivo, pero jamás estéril, del lenguaje, lo narrativo en este libro se convierte, sufre la metamorfosis de lo grato, de lo grave, de lo oportuno y de lo diestro. Los relatos parecen emerger los unos de los otros, no se enfrentan, no parecen golpearse o acumularse, como pertenecer a dos lienzos distintos. Los escenarios, empero, no parecen existir, con escasas excepciones quizá nacidas por la también consciente intención de diluir lo que se narra en lo narrado: o en la narración y de ignorar (premeditada ignorancia) la descripción, la pintura o el telón de fondo. La concisión del lenguaje nos recuerda a Anais NIN o Patrick SUSKIND. Pero, tal vez sea, precisamente, cuando un relato informa lo que nos dice (y en ocasiones insinúa aun a la manera o bajo la forma del encubrimiento de la anécdota) lo que, en definitiva, lo haga importante, verdaderamente importante. Y los relatos se desplazan, viven así, en este tránsito. II Es evidente que se ha creado un gusto por lo mórbido e, incluso, una estética de lo mórbido: de lo alucinantemente más detenido en el delirio de lo absurdo. Las Metamorfosis de Ovidio, en la Antigüedad, son tan elocuentes –pero no tan determinantes de esta estética y de este gusto- como Ubu rol (El Rey UBU) de Marcel SCHWOB y todas las formas de la literatura y del arte expresionista. IONESCO, SARTRE o CAMUS, verbigracia, no han sido más espectadores o continuadores de esta tradición: la de la inexactitud del mundo, la del sinsentido de una sociedad con no menos sentido, en el teatro y la novela francesa del Siglo XX. A través de ciertas formas escriturales que, bien podría decirse, semejan poesía, como se advierte, por ejemplo, en algún relato de Edgar Alan POE: lo inverosímil, lo no posible, lo enterrado en el sueño de la imaginación, de esa imaginación que sucede en lo «mórbido», en lo que, por naturaleza, «abominamos», se revela o se esconde en este lenguaje parco, extrañamente parco, casi solitario de JIMÉNEZ URE. En la tradición de la escritura de lo inverosímil, todo el absurdo se mezcla aquí, asomando el mundo de lo tardío, de lo obstinadamente irreal y, en ocasiones, alucinante. Un mundo que nos recuerda, incluso, el otro también complejo (o complicado) y no menos cruel de William FAULKNER en algunos de sus libros. A GARCÍA MÁRQUEZ, en sus pasajes tal vez menos concretos, menos cercanos a la realidad y más ausentes, o, si se quiere, extraña ambigüedad, presentes en «lo imaginario» o, más bien, ahí en lo fantástico. III He leído alguna vez relatos como éstos, verdaderamente abominables (la palabra «abominable» viene del Latín «abominabilis», y significa «digno de ser abominado») Cuentos Abominables, libro de relatos de Alberto JIMÉNEZ URE, precisa un muy genuino mundo mórbido –morbidez adrede- en la conciencia de quien intenta sorprender o, si se quiere, seducir con la sorpresa de cuanto resulta fantástico, verdaderamente fantástico. El lector, ese interlocutor anhelado a veces y menospreciado otras, recibe o entiende, aquí, las resonancias mismas de una sociedad en perfecto estado de delirio, en perfecto estado de alteración. En el relato «Macrocéfalo» puede leerse: «[…] De improviso, el malformado volteó hacia mí y me observó diabólicamente. En este momento, recordé mi propia infancia: el estilo como solía (yo) examinar a quienes se aproximaban a mí con intenciones de besarme o tocarme […]» (p. 18) Sus títulos resultan tan elocuentes como reveladores. Verdadera figuración de la enfermedad (pathos) y de la fisura de lo anómalo, las visiones alucinantes de los relatos, de los argumentos extraídos de la profundidad del sueño desconcertante, simulan algún fragmento de un lienzo surrealista. En «El Sicario» se lee: «[…] Lya Ballesteros leyó el aviso –publicado en el diario Ultimas Noticias- que decía: si Ud. desea morir y no quiere flagelarse por cobardía o prejuicios religiosos, solicite mi ayuda. Escriba al Señor Sicario, Apartado Postal No 96. Mérida, 5101, Venezuela. Garantizo total confidencialidad […]». Sicario, del Latín «sicarius», significa «asesino asalariado» y, entre los latinos, «hombre cruel». En ocasiones, en el universo del sinsentido, se cristaliza en el de la no salida, verbigracia, en el relato «El Maquetista»; o en el de la evasión y el olvido de sí, como en «El Curandero»: «[…] Impresionado, Dacosta agradeció la confianza e invitación de Buenaventura. Necesitaba algo superior, desinhibirse, evadirse auténticamente […]» (p. 29) Un libro, en todo caso, digno de ser leído y analizado con singular detenimiento. (En la Revista Imagen, No. 100-88, Caracas, 1992)
Revelaciones
Revelaciones de Jiménez Ure: la clave gnóstica Por Ennio JIMÉNEZ EMÁN El libro Revelaciones (1997), del escritor venezolano Alberto JIMÉNEZ URE, a mi parecer, está imbuido de ideas gnósticas subyacentes al tema central del mismo: la confrontación Dios-Demonio. Veamos en qué sentido. Comentaremos primero algunos de sus textos y luego los relacionaremos con algunos tópicos de la doctrina gnóstica. Según lo explica su autor en el pórtico, este texto perturbador surgió en medio de una profunda depresión y como producto de una crisis existencial: «Revelaciones es la compilación de los mensajes que, bajo extrema depresión, capté de alguien al que no puedo precisar cual dibujo encima de una blanca hoja (...) Por ello, advierto: desde el Principio del Tiempo los intelectuales hemos sido réplica de una entidad pocas veces codificable, de la Palabra Misteriosa, predecesora», afirma JIMÉNEZ URE. Compuesto de 61 textos, el libro expone desde sus comienzos una blasfema imprecación contra el Dios bíblico del Antiguo Testamento. La creación acaeció con un fin malvado: «[…] Ocurrió para divertimento de un hacedor perverso: de ese a quien nombran Dios[…]» (XXVI). Plantea el mismo una apología del mal a través de un discípulo del Maligno o aspirante a Primer Príncipe o Príncipe de Legión que, a medida que se va iniciando, va exponiendo la doctrina que le es revelada: «Impartirás el conocimiento del Mal que suplirá definitivamente al Bien», declara la voz poética. En el texto XXIII esa misma voz poética afirma: «[…] No hay razones para ejecutar el Bien/Cuando del Mal viven los pueblos[…]». Es más, el Mal forma parte de la naturaleza de ese Dios que tentó a la pareja primordial para luego castigarla eternamente a través de la especie.
"Pensamientos dispersos," (1978-1987)
Sobre Pensamientos Dispersos y Epitafios (Ediciones de: la Gobernación del Edo. Mérida, Mérida, Venezuela, 1988, el primero/Y la Asociación de Escritores de Venezuela, Mérida, Venezuela, 1990, el segundo) Por Fernando BÁEZ Le escribo esta breve carta con el doble propósito de reiterarle mi admiración por su obra, y de agradecerle los libros que amablemente remitió a nuestro grupo Nuevas Cumbres. La verdad, a mí, personalmente, no deja de asombrarme la manera con que maneja Ud. la prosa. La ha convertido en un instrumento totalmente propicio para expresar el pensamiento que, evidentemente, lo emparenta con la provecta tradición de un Quevedo, un Gracián, Unamuno o un Borges. Igualmente quisiera felicitarlo por Pensamientos Dispersos y Epitafios. Dice Ud., en el prólogo de uno de ellos, en el primero en yo mencionar, que: «[…] Mucho he admirado y respetado a los verdaderos filósofos e infinitamente he deseado verme convertido en un pensador […]» Ese deseo suyo está ya concretizado en sus anteriores obras, pero sobre todo en estas últimas. Resulta interesante esto de recopilar viejas ideas para mantenerlas frescas y dispuestas a nuevas reflexiones, y lo extraordinario proviene de la escasez de libros de esta especie en Venezuela. Mi mala memoria intenta, en vano, traerme ahora algunos antecedentes; no obstante, recuerdo ciertas páginas (casi olvidadas) de Juan Vicente GONZÁLEZ que aparecieron entre 1865 y 1866, en la antes famosa (hoy infamada) «Revista Literaria». GONZÁLEZ era el propio Director. De las ideas de este escritor es posible extraer joyas, muchas de ellas tan frescas como el día en el cual fueron escritas. Así dice una: «[…] El castigo de los malos gobiernos es que se les cree peores de lo que son […]». Otra, no menos política y social: «[…] Ser capaz de respeto es hoy tan raro como ser digno […]» De un modo más íntegro, están conformados para mí sus libros Pensamientos Dispersos y Epitafios: ya que han puesto, cuidadosamente, las bases que permitirán iniciar una tendencia reflexiva en nuestro país. Mantener una actitud contraria es propia de determinados políticos (vulgar mayoría) y de nostálgicos «anarquistas», desubicados mentales o activistas de la «ultra-izquierda». Atacar el conocimiento siempre ha sido su principal objetivo, y esto (cosa que Ud. ya sabe) porque no pueden mantener sus posiciones, sino mientras la gente se mantenga dentro de los límites de una ignorancia parecida a la que ellos ya tienen. Ante los argumentos de Carlos RANGEL, no tuvieron otra salida que la de quemar –públicamente- la obra de este gran pensador. Y es curioso: los «amigos» de la «Libertad», de la «paz», cuando no tienen nada para confutar pruebas prácticas o teóricas, se refugian en acciones no distantes de las de un loco peligroso o de un imbécil incurable. Lamento que nuestra Universidad sea su principal fuente de municiones. Lamento que sea «la casa de la Razón» el hospicio de lo irracional. Pero, por supuesto, estas cosas van obliterándose gracias a fundamentos como los establecidos por Ud., y otros no muy alejados en el tiempo. Dejo aquí esta carta. Retomo mis palabras iniciales, y me despido lleno de un profundo agradecimiento por abrirnos Ud., a los que vendremos después, el camino hacia un país más capaz de aportar razones y sistemas filosóficos que piedras o muertos por alcohol. Atentamente (Fernando BÁEZ HERNÁNDEZ, Mérida, Venezuela, Enero de 1990)
Aberraciones
Sobre Aberraciones Por Marisol MARRERO Leyendo el libro Aberraciones (Universidad de Los Andes, Consejo de Publicaciones, 1993) de Alberto JIMÉNEZ URE, se me vienen a la mente una serie de observaciones que me gustaría compartir con los lectores. Dice Lovera De Sola -en la contraportada del libro- que allí todo es al revés. No estoy de acuerdo con esto, pues, la obscuridad, la sombra, no es el revés del hombre, sino todo lo contrario: es parte de sí, lo impregna, lo adormece, lo arropa, es su propio «Yo», su revés y su envés. La novela nos habla de la sombra, pues, todo lo que posee substancia posee también una sombra. El ego se yergue ante la sombra como la luz ante la obscuridad. Por más que no queramos, somos imperfectos; hay aspectos inaceptables en nosotros mismos, y son estos aspectos los que se tratan en la obra. Incesto, masturbación, lujuria, lascivia, parricidio, violación y muerte son los contornos de la novela. Solo incorporando la «Sombra» al «Yo» podemos acceder a nuestra propia humanidad. Esto es, a mi parecer, lo que intenta hacer JIMÉNEZ URE: incorporar o aceptar la sombra como parte del hombre, como parte de sí, porque -seguramente- le ha molestado por largo tiempo. El libro -todo- es un encuentro con su aspecto más obscuro, pero suyo al fin. A través de la palabra, que se convierte en exorcismo, saca los demonios: es una suerte de «mea culpa» humana. El «Yo» reprimido estalla, sale a la luz; por eso debió dolerle mucho descubrir a los demás ese mundo tenebroso. Tuvo que ser un proceso doloroso, intenso, quebrantador de reglas (noche obscura del alma). Para nosotros, los escritores, la sombra es el otro: nada es ficción, la palabra es el hombre, consustancial con él. Ya lo decía la Biblia: «Y el verbo se hizo carne»; hombre, que equivale a decir Dios y Demonio, principio de todo, causa primigenia. Si ponemos atención en lo que se narra, si observamos profundamente, podemos aprender muchas cosas sobre la sombra del autor y sus contenidos psíquicos. Cuando la sombra aparece en el texto, reaccionamos ante ella con miedo: desagrado o desquicio. Queremos huir de lo obscuro, cerrar el libro, lanzarlo al piso; no queremos saber, huimos de la tenebra, la cortamos porque experimentamos o sentimos que nos persigue. La tradición cristiana original reconocía que el Mal se halla dentro de cada uno de nosotros, pero, el Nuevo Testamento sostiene que si un individuo cede ante el Mal su alma empieza un proceso psicológico negativo que termina conduciéndolo a la destrucción y la degración. Por eso el cristianismo ha perdido el contacto con la sombra, y no es de extrañar que -por ese proceso psicológico- el autor de Aberraciones se haya sentido excluido, rechazado, apedreado, porque saca a la luz lo peligroso, lo malo, lo diabólico que tenemos nosotros, esa extraña bestia que todos llevamos en nuestro interior y que, para salvarnos, proyectamos como Diablo, Lucifer o Angel de Luz. Angel Caído, qué extraña contradicción. Si observo la foto del autor en la contraportada del libro, me parece un ángel bueno, temeroso del Mal, luminoso, nada del diablo aquel que «tenía un enorme diamante por cerebro». ¡Brillante! En la santería criolla, la maldad la personifica Elegguá, el más poderoso después de Obalatá. Este Satán o Lucifer tiene veintiún aspectos malos; creo que JIMÉNEZ URE los desarrolla todos en su novela, incluso hasta la magia negra o la brujería de los congos (Palo de monte o mayombé) a través del perro-niño huérfano. No sé si es consciente o inconscientemente. Elegguá es lo peligroso, lo destructivo, sanguinario y astuto. Creció solo, y se hizo amigo del Dios de la Guerra, Oggún, pero, también este aspecto obscuro -este diablo- fue el primer vidente que enseñó a Orunlá la adivinación. Este personaje equivale al mago, al vidente de ojos de espejo de la novela, pues, sus poderes son diabólicos, pero tienen que ver con la salvación de la especie, con el acto primigenio (escena primordial) que, según los psicólogos, si es vista por los niños, debido a la promiscuidad, puede ser causante de deseos incestuosos, estimulando el Edipo. No sé por qué pienso que parte del drama interno que sufre el autor podría estar ahí, justamente. El escritor loco, desquiciado (Federico Flavios) y sus demás compinches, todos exitosos hombres de la Cultura, con todas las aberraciones posibles, son hijos de madres alcohólicas, promiscuas, lujuriosas, insaciables en el sexo, serpientes; son mujeres que profesan el culto al falo, pero ahí está el problema: ese culto se relaciona con Dionisos. El deseo místico de estar «lleno de Dios» tiene su origen en el éxtasis de Eros. Volvemos a lo mismo: Dios hombre y demonio, bueno y malo, terror y bondad (recordemos a Job). Otro aspecto que observo en el libro es la relación sadomasoquista en los personajes: ¿cómo pueden coincidir el dolor y el placer? Pues bien: el sadismo puede ser considerado como una expresión del aspecto destructivo de la sombra, del asesino que se esconde dentro de cada uno. Se trata de un rasgo específicamente humano que parece disfrutar con la destrucción. Existen seres que gozan con el asesinato y la tortura (Flavios y sus amigos) y este fenómeno está relacionado con la autodestrucción. No resulta -pues- sorprendente que el sadismo y el masoquismo sean fenómenos estrechamente relacionados y suelan aparecer juntos. El asesino autodestructivo se halla en el mismo centro de la sombra arquetípica, es el centro de la irreductible destructividad de los seres humanos (guerra, destrucción de la naturaleza, del ecosistema, del mundo en general). ¿Qué pasa cuando el ego se convierte en la sombra? Se pierden los amigos, la familia, el trabajo, las relaciones, hasta se pierde el piso, por eso hay que equilibrar muy bien el juego de luces y obscuridades, pues es peligroso sacar la «sombra»y no saber dominarla, no saber adaptarla o controlarla. Por lo menos a nivel psicológico es peligroso, no sé a nivel de la escritura, no lo he intentado; confieso que he tenido miedo. ¿Qué ha acarreado este libro a JIMÉNEZ URE? ¿Está solo o ha sido un éxito y le aplauden? -No sé, no lo conozco; simplemente, mi intuición me dice que algo no anda bien. Se metió con arquetipos muy peligrosos, aún no sabemos mucho de ellos, por lo menos como manejarlos, como domeñarlos, como hacerlos propios, aceptándolos sin que nos dañen. Para finalizar, recuerdo que el cuerpo todo se ilumina con la sombra. Lucifer era Ángel de Luz. Afincarse en un solo aspecto es seguir con el mismo problema; la bondad sin la maldad no existe, es incompleta y -por lo tanto- artificial. El poeta Robert BLY, recordando la antigua tradición gnóstica, afirma que «nosotros no inventamos las cosas, sino que simplemente las recordamos».
Facia
Sobre la novela Facia (Publicada por Damocles Editores. Barquisimeto, Venezuela, 1984) «Resucitaré a un filósofo Británico, George BERKELEY, quien, antes de morir renunció a su obispado en Oxford: dijo, en mil formas, que nada existe fuera de los sentidos. Semejante conjetura parece inspirar, salvo excepciones, las empobrecidas reflexiones de numerosos críticos y hacedores de genios. Personalmente, no me agradan aquellos que nos juzgan a partir de una incapacidad de la cual son portadores. Juzgar mediante el conocimiento que la índole exige, y sin prejuicios, sería lo inexpugnable» (A. J. URE: en la revista «Letra Continua No. 04». Barquisimeto, Venezuela, Septiembre. 82/Febrero 83) Por Leonardo G. RUIZ TIRADO Acaso experimenté, tras leer Facia (1), sexto libro de Alberto JIMÉNEZ URE, la sensación que el narrador hace no-existir al narrador «[…] el lenguaje nos entrega a la dialéctica del amo y del esclavo que nos obceca. El amo adquirió derecho de palabra porque fue hasta el fin del peligro de muerte: solo, el amo habla, palabra que es mandamiento. El esclavo sólo oye. Hablar, de aquí lo importante […]» (2) JIMÉNEZ URE convierte el narrador en «espectro», pues, sólo así su discurso, imbricado y sujeto al «espectro que narra», podía engendrar a Odra «posesionada» y «desdoblada» por Facia, una suicida que terminaría siendo el narrador: «[…] Mi mente –que ya penetró la de Facia- volverá a nutrirse. Me vestiré de Odra, caminaré con sus piernas, miraré con sus pedacitos de fuego, develaré lo más recóndito de sí. No me aterra la idea […]» Aunque JIMÉNEZ URE ha declarado lo contrario, en esta narración lo encuentro obsesionado –más que por la supresión del «que» en la totalidad del discurso narrativo y otras «aberraciones»- por la locura filosófica y matemática de sus personajes. Facia se da a la muerte y es, repito, poseída inteligiblemente por Odra (su hermana). Los personajes Alberto y el Tutor devienen, para el relato, testigos emocionales e intelectuales de la metempsicosis. ¿Alberto no termina siendo Facia en la novela? Los sucesos paranormales están a lo largo de toda la obra de JIMÉNEZ URE, desde Espectros (1975). Esos sucesos se repiten al compás del interés por una «demostración filosófica tocante a BERKELEY y, tal vez, SHOPENHAUER: ya que, si para el primero «[…] Nada existe fuera de los sentidos […]» para el otro la exacerbación de los sentidos es acción volitiva capaz de todo. Subrayo la frase del Inglés que nuestro autor citara en una entrevista para la publicación de la revista Letra Continua hace un par de años. NOTAS.- (1) JIMÉNEZ URE, Alberto: FACIA.- «Damocles Editores», Barquisimeto, Venezuela, 1984) (2) BLANCHOT, Maurice: EL LIBRO QUE VENDRÁ.- Monte Ávila Editores, Caracas, 1969. (En el Diario El Universal, Caracas, Venezuela, 04 de Febrero de 1985)
Suicidios
Sobre Suicidios e Inmaculado (Universidad de Los Andes, Mérida, 1982/Monte Ávila, Caracas, 1982) Por Mauricio NAVIA A. Dos títulos sorprendentes, y casi simultáneos, acaban de sucederse en el medio literario. Crudos, irreverentes, despreciados en sí mismos, salen a turbar la plácida tez de nuestras letras (saturadas de «letras» antes que de «conceptos» y «sentidos»). La virulencia pasmosa con que se lanzan contra el discurso literario establecido (así sean los trajinados intentos «experimentales») los colocan en una nueva dimensión literaria: extremista, pero reflexiva. Suicidios es el primero de ellos, que abre la esperada colección literaria de la Dirección de Cultura y Extensión de la ULA (digno y elegantemente plasmado, aparece a la altura de cualquier buena editorial española). Inmaculado, el segundo, publicado por Monte Ávila; breve, pero intenso. En estas ficciones de Alberto JIMÉNEZ URE existe un retorno hacia las tensas reflexiones que habitan al filósofo, pero sumidas en la zozobra cotidiana del ciudadano actual. Vertiendo categorías metafísicas sobre las sensibilidades de personajes «lógicamente» desesperados, estructurando conceptos y confrontándolos con temerarias situaciones, JIMÉNEZ URE hace de la literatura un intento pujante hacia la Filosofía. Los dilemas, y las preguntas extremas que conmueven la actividad filosófica, son tocados con sagacidad e irreverencia: sin miedo al vértigo de sus consecuencias. Con fluida sagacidad, pero, sobre todo, colocadas con acierto y rigor en las estructuras circulares de sus ficciones. Encontrar las definitivas influencias de BORGES o PLATÓN, de SARTRE o KAFKA, de IONESCO o BECKET en los cuentos de JIMÉNEZ URE, es tarea, por obvia, absurda. Hay un rasgo subterráneo en estos gélidos y devastados horizontes que contornean su narrativa: es el humor. Un humor cruel, que se mofa del absurdo mismo, que burla, sin compasión, la lógica de los razonamientos: que asesta golpes imprevistos a las expectativas del lector, que, incluso, se ironiza a sí mismo, es decir, a la inteligencia que estructura la narrativa. Todo un humor que trata de abatir la normalidad establecida, de romper la dimensión estética prevaleciente tanto en el pensamiento como en el sentimiento (JIMÉNEZ URE se acusa «de derecha», aunque parece más saludable acusarlo con su propio adjetivo: «anarquista»). El humor negro filtra sus feroces ficciones fantásticas y sus delirantes juegos ontológicos, oscilando en un movimiento pendular: entre lo absurdo y el hilo conductor de sus narraciones, profundas e inteligentes. Lo insólito y lo reflexivo colidan en él con lo «demoníaco», con lo «dantesco», pero concluye sutilmente en el humor, puntual en sus cuentos breves. JIMÉNEZ URE habla, constantemente, al lector: no lo pierde de vista, aunque descomponga la cronología lineal a través de compulsivos monólogos o crispando la sintaxis misma. Una pasión, propia de todo espíritu con la tendencia a lo abstracto, se reitera en ambos textos. La pasión de sustantivos conceptos dándoles vida y autonomía propia, pero, también, dándoles una fuerza satánica de destrucción, un ímpetu apologético por lo «maldito». Las ideas platónicas descienden del «Topus-Uranus» para desolar, implacables, el hábitat cotidiano de los personajes. Todo sucede en dimensiones vacías, en «paisajes sin notas», donde la musicalidad es sólo pensada por seres agobiados en reflexiones suicidas. La obsesiva cercanía de la muerte se hace, como un LAUTREAMONT, fría y cruda, pero amorosa. Se la ama, se la desea y se la exalta. Ella marca la melodía, el «tempo» de las narraciones. Las intempestivas conmociones eróticas son tratadas con frío desdén, digno de un a-moralista situado «más allá del Bien y del Mal». Lo central, la obsesión, lo que empuja a la locura y el delirio, es el suicidio (término extremo de la libertad) y la muerte que ya no juega ajedrez sino béisbol en los campos petroleros. Las ficciones de JIMÉNEZ URE se presentan como una de las más interesantes aperturas hacia una literatura renovadora y universal. (En la Revista Azul, No. 18/19. Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, Enero de 1983)
Inmaculado
Sobre Inmaculado y Suicidios (Universidad de Los Andes, Mérida, 1982/Monte Ávila Editores, Caracas, 1982) Por Mauricio NAVIA A. Dos títulos sorprendentes, y casi simultáneos, acaban de sucederse en el medio literario. Crudos, irreverentes, despreciados en sí mismos, salen a turbar la plácida tez de nuestras letras (saturadas de «letras» antes que de «conceptos» y «sentidos»). La virulencia pasmosa con que se lanzan contra el discurso literario establecido (así sean los trajinados intentos «experimentales») los colocan en una nueva dimensión literaria: extremista, pero reflexiva. Suicidios es el primero de ellos, que abre la esperada colección literaria de la Dirección de Cultura y Extensión de la ULA (digno y elegantemente plasmado, aparece a la altura de cualquier buena editorial española). Inmaculado, el segundo, publicado por Monte Ávila; breve, pero intenso. En estas ficciones de Alberto JIMÉNEZ URE existe un retorno hacia las tensas reflexiones que habitan al filósofo, pero sumidas en la zozobra cotidiana del ciudadano actual. Vertiendo categorías metafísicas sobre las sensibilidades de personajes «lógicamente» desesperados, estructurando conceptos y confrontándolos con temerarias situaciones, JIMÉNEZ URE hace de la literatura un intento pujante hacia la Filosofía. Los dilemas, y las preguntas extremas que conmueven la actividad filosófica, son tocados con sagacidad e irreverencia: sin miedo al vértigo de sus consecuencias. Con fluida sagacidad, pero, sobre todo, colocadas con acierto y rigor en las estructuras circulares de sus ficciones. Encontrar las definitivas influencias de BORGES o PLATÓN, de SARTRE o KAFKA, de IONESCO o BECKET en los cuentos de JIMÉNEZ URE, es tarea, por obvia, absurda. Hay un rasgo subterráneo en estos gélidos y devastados horizontes que contornean su narrativa: es el humor. Un humor cruel, que se mofa del absurdo mismo, que burla, sin compasión, la lógica de los razonamientos: que asesta golpes imprevistos a las expectativas del lector, que, incluso, se ironiza a sí mismo, es decir, a la inteligencia que estructura la narrativa. Todo un humor que trata de abatir la normalidad establecida, de romper la dimensión estética prevaleciente tanto en el pensamiento como en el sentimiento (JIMÉNEZ URE se acusa «de derecha», aunque parece más saludable acusarlo con su propio adjetivo: «anarquista»). El humor negro filtra sus feroces ficciones fantásticas y sus delirantes juegos ontológicos, oscilando en un movimiento pendular: entre lo absurdo y el hilo conductor de sus narraciones, profundas e inteligentes. Lo insólito y lo reflexivo colidan en él con lo «demoníaco», con lo «dantesco», pero concluye sutilmente en el humor, puntual en sus cuentos breves. JIMÉNEZ URE habla, constantemente, al lector: no lo pierde de vista, aunque descomponga la cronología lineal a través de compulsivos monólogos o crispando la sintaxis misma. Una pasión, propia de todo espíritu con la tendencia a lo abstracto, se reitera en ambos textos. La pasión de sustantivos conceptos dándoles vida y autonomía propia, pero, también, dándoles una fuerza satánica de destrucción, un ímpetu apologético por lo «maldito». Las ideas platónicas descienden del «Topus-Uranus» para desolar, implacables, el hábitat cotidiano de los personajes. Todo sucede en dimensiones vacías, en «paisajes sin notas», donde la musicalidad es sólo pensada por seres agobiados en reflexiones suicidas. La obsesiva cercanía de la muerte se hace, como un LAUTREAMONT, fría y cruda, pero amorosa. Se la ama, se la desea y se la exalta. Ella marca la melodía, el «tempo» de las narraciones. Las intempestivas conmociones eróticas son tratadas con frío desdén, digno de un a-moralista situado «más allá del Bien y del Mal». Lo central, la obsesión, lo que empuja a la locura y el delirio, es el suicidio (término extremo de la libertad) y la muerte que ya no juega ajedrez sino béisbol en los campos petroleros. Las ficciones de JIMÉNEZ URE se presentan como una de las más interesantes aperturas hacia una literatura renovadora y universal. (En la Revista Azul, No. 18/19. Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, Enero de 1983) : http://
Acertijos
Sobre Acertijos Por Juan CALZADILLA Los relatos de Alberto JIMÉNEZ URE, a diferencia de lo que en el «Género Cuento» hace la mayoría de nuestros jóvenes narradores venezolanos, aportan una inquietud esencial que me parece necesaria traducir a este comentario, puesto que sus textos se apartan por completo de los patrones que llevan a pensar en el «Cuento» como en un género absolutamente literario y, por tanto, excluyente de lo que no se ajusta a esos moldes predeterminados. Esa inquietud se refiere a la forma aparentemente discursiva que adopta para elaborar una ficción conceptual que apela a los mitos argumentales para hacerse y responder preguntas esenciales sobre la existencia del Ser. A despecho de un andamiaje reflexivo que sirve de base a una estructura dialogada, ágil y flexible y a menudo abstracta y demostrativa, Alberto se nos revela como hábil constructor de situaciones vitales insólitas, como un autor fantástico que, abandonando todo prejuicio de la «escritura formal», sabe mezclar el humor negro con la experiencia cotidiana. Curiosamente, lo más extraño –y por ello lo que bajo ciertas condiciones es lo más atrayente de su libro- es el marco de realidad en que se desarrollan sus narraciones; se trata de un contexto bien conocido por todos nosotros: Mérida, Barquisimeto, Los Andes, con personajes que tienen nombre y apellido: poetas, soñadores, figuras contrahechas y, por supuesto, todos los demonios y ángeles derivados de la tradición del pensamiento mágico que nos viene de todos lados, de Occidente y de América, pero, en todo caso, del Cristianismo frente al cual JIMÉNEZ URE se erige un acusador. Por todo lo dicho, previendo los alcances de una literatura que sirva para reflexionar, soy de la opinión que la publicación de un libro como Acertijos no sólo fundamenta la razón de ser de nuevos modos de producir la ficción y el mito de nuestra realidad, sino también que beneficia a quien, como él, no aportando ningún tipo de complacencia a una sociedad conformista, se lanza por un camino en el que seguramente encontrará muchos estímulos. (Caracas, Agosto 20 de 1978)
DECAPITADOS
Sobre la novela DECAPITADOS Por Eté DAZTON […] Por pena ajena, al ser amante de los libros que hablan sobre las herramientas de trabajo, y no al culto de sobar una pelota de béisbol. Ante la respuesta prosaica, grotesca y vulgar que como todo un Ares Fobo intelectual, el personaje de la novela Decapitados de JIMÉNEZ URE, el llorón de bolas Frías, perdón, El Comandante Chávez Frías le dio al último de los Mohicanos ¿Qué? ¿Tú me lo has visto? Después de tantas derrotas hay que lograr una victoria ante la ignorancia como argumento, ayer los chupa medias del pensar burgués refutaban a Marx sin leerlo, pero el rojo puta hoy es peor, que lo quiere defender, no difundir, sin ni siquiera haberlo leído. Para defender los principios de una teoría hay que tenerlos sólidos. Con la ignorancia como argumento no se discute, se pone en evidencia […] (website, 01-06-2012)
